jueves, 13 de julio de 2017

YO TE DI MI SANGRE PARA QUE MI SANGRE SOBREVIVA




Yo te di mi sangre para que mi sangre sobreviva

Igual que quien sana su corazón roto
nunca se encerrará en el arrepentimiento,
yo te pertenezco, poesía.

No creo que tengamos que pelear ―dijiste―,
aunque a veces será inevitable.

Si no fuera por ti
que me salvas literalmente la vida
manteniéndome sobrio,
quizás pensaría que le vendí mi alma
al nombre abstracto equivocado
y que hubiera sido mejor
entregársela a la Música.

Pero desde que te escucho gemir
al tomarte entre mis brazos
únicamente eso es ya para mí la Canción.

Por eso nunca dejaré de escribir.

Soy algunos años más mayor, sí,
en cambio tú eres lo más grande.
Mi dolor se da la importancia,
hasta que de ti aprendo lo importante:

Sentados a la mesa,
sé que todo va bien cuando me pides un beso
y te hago llorar de tanto reír.

Porque un poeta triste es una contradicción.

Y la historia, mi vieja historia,
ya sólo es una mancha en el asiento
del tren del futuro.

Inédito
© Abel Santos
Todos los derechos reservados en CEDRO





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